En el mundo, se estima que 840 millones de mujeres y adolescentes han sufrido violencia física o sexual por parte de una pareja, violencia sexual por parte de alguien que no es su pareja, o ambas, al menos una vez en su vida, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En Chile, un equipo de investigadores de la Universidad de Chile examinó este fenómeno y reveló, entre otras cosas, que el antecedente de abuso sexual en la infancia aparece como un factor de riesgo común para tres formas de violencia: la violencia sexual de pareja íntima, la agresión sexual por parte de personas que no son la pareja, que implica contacto sexual físico forzado por alguien que no es la pareja; y el acoso sexual por parte de personas que no son la pareja, que implica conductas sexuales sin contacto físico, como insinuaciones verbales, intimidación y situaciones en que se condicionan beneficios a la aceptación de solicitudes de carácter sexual.

El artículo, publicado en la revista The Lancet Regional Health Americas y titulado «Determinantes sociales de la violencia sexual contra las mujeres por parte de la pareja y de personas ajenas a ella en Chile: un análisis multinivel basado en la población» («Social determinants of partner and non-partner sexual violence against women in Chile: a population-based multilevel analysis»), estuvo a cargo de Francisca Crispi, quien realizó esta investigación como el primer artículo de su tesis doctoral en Salud Pública en la Escuela de Salud Pública de la Casa de Bello, junto a Alejandra Fuentes-García, académica de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, y Nicolás Libuy, académico de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez. Los investigadores analizaron las rondas 2017 y 2020 de la Encuesta Nacional de Violencia Intrafamiliar y en Otros Espacios de Chile, que comprendieron una muestra conjunta de 13.128 mujeres de 15 años o más residentes en zonas urbanas. Los resultados mostraron que, durante los 12 meses anteriores a las encuestas, un 2,8% había sufrido violencia sexual de pareja, un 2,5% agresión sexual por parte de terceros y un 11,3% acoso sexual por parte de terceros. Los autores detallaron que, pese a que la violencia sexual contra las mujeres es un grave problema de salud pública en América Latina, existe poca evidencia multinivel sobre sus determinantes sociales.

La doctora Francisca Crispi explicó que «la violencia sexual sigue siendo un problema vigente. Muchas veces se piensa que no, que la violencia de género quedó en el pasado, y los datos de estas encuestas muestran que todavía, anualmente, tenemos una victimización que va del 3% al 11%, dependiendo del tipo de violencia sexual que medimos. Es algo que sigue vigente y nos tenemos que hacer cargo desde la prevención y desde la respuesta a las víctimas desde el sistema de salud pública».

Abuso sexual infantil y riesgo de victimización

Si bien las académicas explican que es importante hacer una diferenciación entre las tres formas de violencia sexual (la violencia sexual de pareja íntima, la agresión sexual por parte de personas que no son la pareja y el acoso sexual por parte de personas que no son la pareja), especialmente a la hora de tomar medidas de prevención, destacan un factor en común en los tres casos: el abuso sexual infantil.

De acuerdo con el artículo, el abuso sexual en la infancia aparece como un antecedente compartido de las tres formas de violencia. Las mujeres con antecedentes de abuso sexual infantil presentaron una mayor posibilidad de haber sufrido estas formas de violencia sexual. En términos estadísticos, las razones de posibilidades ajustadas (OR) fueron de 2,05 para la violencia sexual de pareja, 3,03 para la agresión sexual por parte de terceros y 2,06 para el acoso sexual por parte de terceros, en comparación con las mujeres sin ese antecedente.

La doctora Alejandra Fuentes-García aseguró que «ese es un dato que es muy importante en términos de nuestras propias políticas públicas, porque eso significa que todas las comunidades y todas las personas debiesen estar muy alertas también respecto del abuso sexual y la violencia sexual en la infancia, y su prevención. Por otra parte, ¿qué es lo que pasa cuando ya se ha producido? ¿Cómo podemos tener una atención informada por el trauma y cómo entonces se puede articular la respuesta entre sistemas de protección de la infancia, sistemas de protección de salud y salud mental?».

Otros factores asociados a la violencia sexual

La profesora Crispi aseguró que «tener una pareja que sufrió violencia en su infancia o una pareja que es violenta en otros espacios también multiplica el riesgo de victimización«. A su juicio, esto representa una oportunidad para identificar relaciones con patrones de dominación o antecedentes de violencia, y ofrecer apoyo preventivo a las mujeres desde la salud pública.

Por su parte, la profesora Fuentes-García agregó que «las mayores vulnerabilidades frente a la violencia sexual ejercida por terceros están en las mujeres jóvenes y residentes en la Región Metropolitana«. Añadió que, si bien el fenómeno está presente en todos los grupos de edad, se concentra especialmente en las mujeres jóvenes, lo que también relacionó con el sistema patriarcal.

En la misma línea, Crispi añadió que el acoso sexual ejercido por parte de personas que no son la pareja presenta un patrón distinto, porque ocurre en «mujeres más expuestas, en las mujeres que más hacen uso del espacio público o las mujeres que estudian en la universidad o que trabajan. Ellas están más expuestas que las que están en su casa, por ejemplo. Entonces, ahí también hay un patrón que es distinto, que es importante poder tener en consideración y donde la prevención debería estar en abordar esos espacios públicos y hacerlos más seguros, obviamente, y no que las mujeres se expongan menos a ellos«.