Para miles de fanáticos, asistir al concierto de su artista favorito significa mucho más que disfrutar de unas horas de música. La emoción comienza con el anuncio de una gira, crece al conseguir las entradas y se intensifica a medida que se acerca la fecha esperada. Pero ¿por qué un acontecimiento que todavía no ocurre puede hacernos tan felices?
Felipe Rodríguez, académico de la Escuela de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), explicó que este fenómeno –conocido “disfrute anticipatorio– se relaciona con nuestra capacidad de experimentar emociones positivas frente a situaciones que vivimos en el presente y también acontecimientos futuros que imaginamos con entusiasmo.
“Las personas no solamente experimentamos bienestar por las cosas positivas que nos ocurren en el presente, sino que también podemos experimentar estas emociones por aquellas situaciones que esperamos que ocurran en el futuro y que anticipamos positivamente. Tener proyectos, ilusiones y acontecimientos significativos por delante puede contribuir a que experimentemos nuestra vida cotidiana de una manera más positiva”, señaló.
Por ejemplo, la experiencia emocional de un concierto no se limita a las dos o tres horas que dura el espectáculo. Puede comenzar desde el momento en que surge la posibilidad de asistir, acompañarnos durante los preparativos y prolongarse después del evento a través de los recuerdos.
“La anticipación de experiencias positivas puede generar bienestar muchísimo antes de que estas ocurran. Basta pensar que cuando empezamos a proyectar, ya comenzamos a tener sensaciones y emociones agradables. Tenemos esa capacidad de imaginar, proyectar y anticipar acontecimientos futuros y, a partir de ello, experimentar emociones positivas”, explicó Rodríguez.
¿Qué papel juega la dopamina?
La intensidad de estas emociones también tiene una explicación desde el funcionamiento cerebral. Rodríguez señaló que la dopamina, neurotransmisor vinculado con los sistemas de recompensa y motivación, participa en los procesos que nos impulsan a buscar experiencias que consideramos valiosas. Sin embargo, advirtió que sería incorrecto atribuir toda la felicidad que provoca un concierto exclusivamente a una reacción química.
“Cuando anticipamos algo que deseamos intensamente, entran en juego distintos mecanismos cerebrales vinculados con esa expectativa. Sin embargo, no es correcto explicar todo este fenómeno exclusivamente desde lo dopaminérgico”, precisó.
El psicólogo explicó que la conexión emocional con nuestros artistas favoritos también está profundamente relacionada con la historia personal, los recuerdos y los vínculos que construimos a lo largo de la vida.
“Las canciones de nuestros artistas favoritos pueden habernos acompañado durante distintas etapas de la vida. Están vinculadas con recuerdos, experiencias y forman parte también de nuestra identidad. No es una simple reacción química, sino una experiencia psicológica mucho más compleja, en la que participan procesos biológicos, emocionales, históricos, personales y relacionales”, agregó.
Tener algo que esperar también puede ayudarnos en momentos difíciles
Más allá de la emoción que despierta la música, la expectativa de asistir a un concierto puede adquirir un significado especial durante períodos de estrés, tristeza o dificultades personales. De acuerdo con el académico de la PUCV, contar con acontecimientos que nos ilusionen puede convertirse en un recurso emocional para enfrentar momentos complejos, al permitirnos ampliar nuestra mirada más allá de las preocupaciones inmediatas.
“Cuando atravesamos momentos difíciles, es frecuente que nuestra atención se concentre en los problemas, las preocupaciones y las exigencias que tenemos que enfrentar. En ese contexto, tener proyectos o experiencias a futuro que nos generan ilusión puede permitirnos ampliar la perspectiva y recordar que nuestra vida no está definida exclusivamente por las dificultades que estamos viviendo en el presente”, explicó.
No obstante, Rodríguez enfatizó que esta ilusión no debe confundirse con una solución a los problemas personales ni con un tratamiento para dificultades de salud mental. “Esperar un concierto no significa que desaparezcan los problemas o se resuelvan situaciones de sufrimiento emocional. Sí puede ofrecer una fuente de entusiasmo, motivación y disfrute, pero es importante entenderlo como un recurso, no como una solución”, advirtió.
Mucho más que música: sentirse parte de algo
La felicidad que despierta un concierto tampoco se explica únicamente desde la experiencia individual. Para el académico, existe una importante dimensión colectiva: compartir la admiración por un artista permite construir vínculos, encontrar personas con intereses similares y desarrollar un sentido de pertenencia.