Los recientes resultados de la prueba PISA 2025, evaluación internacional coordinada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), arrojó una baja de 12 puntos entre los escolares chilenos en Lectura y de nueve en Matemáticas.
Esta merma en la comprensión lectora de los chilenos, afecta transversalmente a personas de todas las edades. Por ejemplo, en la PAES 2025 hubo un leve descenso de tres puntos en dicha habilidad y en el SIMCE 2025 se detectó que el 60% de los escolares de 2° Medio no alcanzan las competencias adecuadas.
Según los expertos, abordar este problema desde diferentes frentes es clave para establecer estrategias pedagógicas y didácticas, especialmente entre los niños y adolescentes..
Para Carolina Arévalo Lancellotti, académica de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad de Tarapacá, “estas competencias deben estar sostenidas en una progresión sistemática y articulada en todos los niveles educativos (Pre-básica- Educación Básica y Media), donde sea prioritario fomentar el hábito de la lectura como una herramienta para el desarrollo cognitivo, la comprensión del mundo, y el éxito académico en el desempeño profesional.
Según la psicopedagoga y magíster en Educación “si los jóvenes no desarrollan de forma adecuada estas competencias, pueden enfrentar dificultades en su futuro”.
Algunas de las consecuencias apuntan a posibles dificultades académicas, ya que la lectura es una herramienta fundamental en el proceso educativo. A nivel social y profesional, una menor capacidad de comunicación efectiva puede limitar las oportunidades y el desempeño: “En última instancia, la falta de habilidades lectoras puede reducir la capacidad de participar en la sociedad y tomar decisiones que impacten la vida cotidiana”.
Las razones de esta problemática son multifactoriales según los expertos y los diversos estudios que se han realizado en Chile y el mundo: “Debido al uso excesivo de dispositivos electrónicos; falta de interés en la lectura; métodos de enseñanza no del todo adecuados a la realidad que se tiene hoy en las escuelas; y falta de acceso a materiales de lectura que estén bajo el amparo de una didáctica vanguardista”, detalla la profesora.
Asimismo, según advierte, es preocupante que “la disminución en competencias de lectura puede llevar a un menor desarrollo de las funciones ejecutivas, como la planificación, la organización y el control de impulsos”. Además, añade que puede afectar negativamente la comprensión y el análisis crítico de la información, “lo que es esencial para el aprendizaje y la toma de decisiones informadas”.
Arévalo también señala “factores sociales, como menos tiempo dedicado a la lectura en casa; influencia de las redes sociales; y la cultura de la inmediatez, que prioriza el contenido visual y breve por sobre el contenido escrito; además de la falta de interacción social en base a una lectura comprometida acorde al nivel educativo en que se encuentran”.
Asimismo, según indica la psicopedagoga, las estrategias de solución deben darse desde la escuela, la familia y la sociedad. Por ejemplo, “se debe fomentar la lectura desde la etapa preescolar y asegurar que al ingresar a educación básica, la lectura sea parte de una continuidad que, al llegar a la enseñanza media, ya esté constituida como un hábito”.Y como segundo punto menciona la formación docente, “para capacitar a los maestros en metodologías de enseñanza de la lectura, para que puedan implementar estrategias efectivas y atractivas en el aula, entre otros”.
Respecto de los hogares, Arévalo subraya que se debe dedicar tiempo a la lectura en familia. Y en la sociedad se requiere utilizar las redes sociales y otras plataformas digitales para incentivar la lectura promoviendo campañas y desafíos de lectura en línea para llegar a un público más amplio, aprovechar la popularidad de las redes sociales, y desarrollar y apoyar políticas que promuevan el acceso equitativo a materiales de lectura y recursos educativos para todas las comunidades.