Por Pablo Gariboldi, experto Agente Inmobiliario Remax Principal y Tasador.

El mercado habitacional, principalmente el sector oriente de Santiago, ya no puede explicarse únicamente desde la ecuación clásica de precio, metraje y ubicación. Lo que comienza a consolidarse es un cambio de demanda vinculada a nuevas formas de habitar: jóvenes profesionales que privilegian el arriendo para mantener flexibilidad y cercanía urbana, y adultos mayores que buscan reducir superficie sin resignar redes, servicios ni calidad de vida. Este giro es relevante porque obliga a mirar la vivienda no solo como un activo patrimonial, sino como una respuesta concreta a distintas etapas de vida, rutinas y necesidades cotidianas de bienestar.

En el caso de los jóvenes, la preferencia por arrendar no debe entenderse solo como una postergación forzada de la compra, aunque las condiciones financieras ciertamente pesan: tasas hipotecarias exigentes, una UF elevada y pies difíciles de reunir siguen restringiendo el acceso a la propiedad. También hay una decisión cultural y práctica. Para muchos, arrendar en comunas bien conectadas permite ganar tiempo, movilidad y acceso a polos laborales, Metro, comercio y entretenimiento. En otras palabras, pagan por ubicación y experiencia urbana antes que, por propiedad, una señal que el sector inmobiliario no debería seguir leyendo como transitoria.

A la vez, los adultos mayores están empujando una transformación silenciosa, pero igualmente decisiva: el downsizing. La venta de casas amplias y costosas de mantener no implica necesariamente una renuncia al sector de preferencia, sino una búsqueda de eficiencia, seguridad y autonomía. Departamentos más compactos, con acceso controlado, ascensores, menor carga operacional y cercanía a salud, farmacias, comercio y redes familiares aparecen como una alternativa coherente con esta etapa de vida. En este contexto, atributos como terrazas, azoteas, buena iluminación, aislamiento acústico y espacios funcionales dejan de ser complementos y pasan a formar parte del valor real de la vivienda.

La pregunta de fondo es si este fenómeno seguirá limitado a comunas como Providencia, Las Condes, Vitacura o Lo Barnechea, o si anticipa una tendencia más amplia para la Región Metropolitana. Todo indica que se trata de lo segundo. En Ñuñoa, La Reina, Macul, San Miguel, Santiago Centro e incluso en polos emergentes con buena conectividad, la demanda también se está segmentando por estilos de vida y no solo por capacidad de pago. Por eso, desarrolladores, inversionistas, corredores y tasadores deberán ajustar su mirada: ya no basta con ofrecer metros cuadrados en una comuna atractiva; será necesario comprender qué etapa de vida, qué rutina y qué expectativa urbana está comprando o arrendando cada persona.