Al cumplirse siete años del estallido social, una nueva medición de GPS Ciudadano de Datavoz muestra cambios en la forma en que los chilenos recuerdan y evalúan los acontecimientos de octubre de 2019.
Aunque la mayoría sigue considerando que sus consecuencias fueron negativas, esa percepción disminuyó de 71,6% en 2025 a 63,6% en 2026, una diferencia de ocho puntos porcentuales. Al mismo tiempo, aumentó considerablemente la proporción de personas que cree que el estallido era inevitable: pasó de 40,4% a 54,3% en el mismo período, un incremento de 13,9 puntos.
Los resultados corresponden a la medición de septiembre de 2026, realizada a 1.083 personas, y su comparación con el estudio del mismo mes de 2025, que incluyó 1.408 entrevistas.
Esta evolución muestra una combinación interesante: si bien sigue predominando una mirada crítica de las consecuencias del estallido, crece el reconocimiento de que existían condiciones que hacían difícil evitarlo.
“Lo que estamos viendo es un cambio interesante en la forma en que los chilenos miran el estallido social. Hace un año, casi el 72% evaluaba negativamente sus consecuencias y hoy esa cifra bajó al 64%. Al mismo tiempo, quienes consideran que lo ocurrido era inevitable pasaron del 40% al 54%. Esto nos dice que, aunque sigue existiendo una mirada crítica sobre lo que pasó, también está creciendo la percepción de que había un malestar social profundo que difícilmente podía seguir acumulándose sin provocar una reacción”, explica Paulina Valenzuela, socia fundadora de Datavoz.
Añade que “aquí hay algo importante: reconocer que existían razones para el descontento no significa necesariamente aprobar la forma en que se desarrollaron los acontecimientos ni sus consecuencias. A siete años del 18 de octubre, los resultados sugieren que la memoria de ese período sigue evolucionando y que los chilenos pueden ser críticos de lo ocurrido sin dejar de reconocer los problemas que estuvieron en su origen. Esa distinción es fundamental para entender cómo estamos mirando hoy uno de los momentos más complejos de nuestra historia reciente”.
Los problemas que estuvieron en el origen del estallido
La nueva medición también indagó en los factores que, a juicio de la ciudadanía, influyeron en los acontecimientos de octubre de 2019.
El 60,1% atribuye una alta influencia a los abusos y la corrupción, mientras el 59% identifica la desigualdad y el 58,6% menciona las pensiones. A ellos se suman la educación, con 57,9%; la salud, con 54,6%, y el transporte público, con 53,6%.
Estas cifras muestran que, pese al balance mayoritariamente negativo de las consecuencias del estallido, una parte importante de la ciudadanía continúa reconociendo los problemas sociales que contribuyeron a desencadenarlo.
El estudio también consultó por la influencia de distintos actores y espacios de interacción. Un 65,7% considera que las redes sociales digitales tuvieron una alta influencia, seguido por los movimientos sociales y las organizaciones políticas (64,2%) y los grupos instigadores de violencia (56%).
Un mismo acontecimiento, dos miradas muy distintas
A siete años del 18 de octubre, los chilenos siguen profundamente divididos sobre el significado de lo ocurrido. El 44,4% se inclina por interpretar el estallido como un momento de protesta espontánea y legítima, mientras el 41,6% lo asocia a un episodio de violencia inducida por grupos de interés. Otro 13,9% se sitúa en una posición intermedia.
Las diferencias son especialmente marcadas según identificación política. Entre quienes se declaran de izquierda, el 88% se identifica con la interpretación de protesta legítima, mientras que entre quienes se ubican a la derecha, el 81,7% se inclina por la explicación centrada en la violencia inducida por grupos de interés.
En el centro político, las percepciones están más repartidas: un 44,8% se acerca a la interpretación de protesta legítima y un 36,4% a la de violencia inducida.
“Lo preocupante es que buena parte de los problemas sociales que contribuyeron al estallido siguen presentes. Y si la política no logra procesar esas tensiones, corremos el riesgo de enfrentar nuevos conflictos en una sociedad cada vez más dividida, donde incluso quienes viven en una misma ciudad parecen habitar mundos distintos. A siete años del estallido, resulta inquietante que un mismo acontecimiento siga siendo interpretado de maneras tan opuestas sin vasos comunicantes que morigeren tensiones”, acota Jorge Fábrega, socio director de Tendencias Sociales de Datavoz.
Los más jóvenes mantienen una mirada diferente
Las diferencias generacionales son otro de los aspectos que destaca la investigación. Entre las personas de 18 a 34 años, el 67,4% considera que el estallido social fue inevitable, una proporción levemente superior al 64,5% registrado en 2025.
Este segmento también presenta una evaluación menos negativa de las consecuencias: el 45,3% las considera negativas y un 42,5% positivas.
En cambio, entre las personas de 45 a 54 años, el 75,6% evalúa negativamente sus repercusiones, porcentaje que alcanza el 71,7% entre quienes tienen 55 años o más.
Los resultados muestran que la mirada sobre el estallido no solo está relacionada con las posiciones políticas, sino que también presenta diferencias importantes entre generaciones.
Siete años después, una memoria que sigue cambiando
El 18 de octubre de 2019 marcó el inicio de un período de movilizaciones y profundas transformaciones en la vida política y social de Chile. Las protestas, que comenzaron en medio del rechazo al alza de la tarifa del Metro de Santiago, dieron paso a manifestaciones multitudinarias, episodios de violencia, denuncias de graves vulneraciones a los derechos humanos y un proceso político que abrió el debate sobre una nueva Constitución.
Después de dos procesos constitucionales cuyas propuestas fueron rechazadas en 2022 y 2023, el país continúa revisando el significado y las consecuencias de aquel período.
La comparación entre las mediciones de Datavoz de 2025 y 2026 muestra que las percepciones no permanecen estáticas. Aunque predomina la evaluación negativa de las repercusiones del estallido, esta pierde fuerza respecto del año anterior, mientras aumenta la proporción de personas que considera que lo ocurrido fue inevitable.
Siete años después, el 18 de octubre sigue siendo un acontecimiento que divide a los chilenos, pero también uno que invita a revisar las causas del descontento social y las distintas formas en que la ciudadanía recuerda su historia reciente.