El embarazo y la lactancia pueden producir cambios importantes en el volumen, la forma y la posición de las mamas. Aunque la mayoría corresponde a transformaciones normales del cuerpo, algunas señales no deben atribuirse automáticamente a este proceso y requieren una evaluación médica antes de considerar cualquier procedimiento estético.

En Chile, el Ministerio de Salud recomienda mantener la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida y continuarla, complementada con otros alimentos, hasta los dos años. Durante este periodo, las mamas pueden experimentar variaciones de volumen y, una vez finalizada la lactancia, no siempre recuperan la apariencia que tenían antes del embarazo.

“Durante el embarazo y la lactancia la mama aumenta de volumen y después puede perder parte de ese volumen. Es frecuente que quede más vacía en el polo superior, que aparezca cierta caída, exceso de piel o que se hagan más evidentes asimetrías que ya existían previamente”, explica el cirujano plástico Brian Frick.

Estos cambios no necesariamente representan una enfermedad ni requieren una cirugía. Sin embargo, existen signos frente a los cuales la prioridad debe ser descartar una condición mamaria y no buscar inmediatamente una solución estética.

“La mayoría son cambios normales. Ahora, si aparece un nódulo, secreción anormal por el pezón, retracción de la piel o del pezón, inflamación persistente o cualquier cambio que llame la atención, primero corresponde una evaluación mamaria y no simplemente una consulta estética”, advierte el especialista.

La distinción es relevante porque una cirugía plástica no reemplaza los controles médicos ni los estudios que puedan ser necesarios ante un cambio sospechoso. Una vez descartada una patología y finalizado el proceso de lactancia, recién es posible evaluar si existe una indicación quirúrgica.

¿Cuándo se puede evaluar una cirugía?

La mama no recupera inmediatamente una condición estable después de suspender la lactancia. Durante los meses siguientes todavía puede cambiar su volumen, disminuir la producción de leche y modificarse la distribución de los tejidos.

Por esta razón, Frick recomienda no tomar una decisión quirúrgica apenas finaliza este periodo. “En general prefiero esperar alrededor de seis meses después de terminar completamente la lactancia antes de decidir una cirugía. No es una regla matemática, porque cada mujer evoluciona distinto, pero necesitamos que el volumen de la mama se haya estabilizado y que ya no exista producción de leche”, señala.

Esperar permite realizar una evaluación más precisa y planificar la intervención sobre una anatomía que ya no se encuentre en pleno proceso de cambio. “Si evaluamos demasiado pronto podemos planificar una cirugía sobre una mama que todavía está cambiando”, agrega.

La alternativa adecuada dependerá de lo que haya ocurrido con el volumen, la piel y la posición de la mama. No existe una única cirugía para todas las pacientes ni el implante es necesariamente la respuesta en cada caso.

“Si principalmente perdió volumen y la mama mantiene una buena posición, puede ser suficiente un implante o, en determinados casos, grasa. Si existe caída, probablemente necesite una mastopexia. Y muchas veces combinamos una mastopexia con implantes cuando necesitamos levantar la mama y además recuperar volumen”, explica Frick.

En otros casos, el embarazo puede dejar un volumen mamario excesivo que produzca incomodidad o que no corresponda al resultado esperado por la paciente. En esas situaciones se puede evaluar una reducción mamaria.

La elección se realiza considerando la anatomía individual, la calidad de la piel, la posición del pezón, la cantidad de tejido mamario existente y las expectativas de cada mujer. Por eso, dos pacientes con cambios aparentemente similares pueden requerir procedimientos diferentes.

Antes de tomar una decisión también es fundamental conversar sobre las cicatrices. “Lo primero es entender que una mastopexia o una reducción mamaria necesariamente dejan cicatrices. Podemos intentar que sean lo menos visibles posible, pero no existe una cirugía para levantar una mama con exceso importante de piel sin dejar cicatrices”, enfatiza el cirujano plástico.

Un nuevo embarazo no está contraindicado después de una cirugía mamaria, pero puede volver a modificar el volumen, la piel y la posición de las mamas, alterando el resultado alcanzado. Por esta razón, cuando una mujer proyecta embarazarse nuevamente en el corto plazo, puede ser aconsejable postergar la intervención.

La posibilidad de amamantar después de una cirugía también debe evaluarse con cautela. Muchas mujeres pueden hacerlo, pero dependerá del procedimiento realizado, de la técnica empleada y de las características de cada paciente, por lo que no es posible garantizarlo antes de la operación.

“La idea es operar en el momento adecuado y con expectativas realistas sobre lo que la cirugía puede y no puede hacer”, concluye Frick.