
El perro San Bernardo de la Brigada Motorizada N.° 24 “Huamachuco” participó por segunda vez en la Parada Militar en honor a los 216 años de las Glorias del Ejército, esta vez como ejemplar adulto. Antes de desfilar, tuvo una preparación especial: visita a la peluquería, confección de su uniforme de presentación y ensayos para familiarizarse con el paso regular del desfile.
Con 1 año y 3 meses, Tacora volvió a formar junto a sus camaradas de la Brigada Motorizada N.° 24 “Huamachuco”, acompañado por su guía canino, Sargento Segundo Eduardo Arriagada M. Nacido el 7 de junio, fecha que coincide con la conmemoración del Asalto y Toma del Morro de Arica, el San Bernardo continúa una tradición profundamente arraigada en las unidades de montaña del Ejército de Chile.
La Brigada, perteneciente a la VI División de Ejército y emplazada en el altiplano de Arica y Parinacota, desarrolla su preparación en un entorno geográfico exigente, donde montaña y altura forman parte de la instrucción cotidiana de sus integrantes. En ese escenario, Tacora también cumple su propio proceso de preparación.
Pero detrás de su imponente y simpática apariencia existe un riguroso entrenamiento. Como efectivo canino, participa en instrucciones, patrullajes en la frontera y actividades propias de la unidad, con preparación para tareas de búsqueda y rescate en nieve, reconocimiento y apertura de rutas en terrenos de difícil acceso, reforzando así las capacidades militares. A ello se suma un rol especialmente valorado por sus camaradas: entregar compañía y contribuir a la moral de la tropa durante las exigentes jornadas en montaña y altiplano.
Su vínculo tampoco se limita al ámbito militar. Tacora es reconocido y querido por la comunidad ariqueña, especialmente por las familias y niños que esperan encontrarlo durante las actividades del Ejército. Su popularidad incluso ha traspasado las fronteras de la región y hoy cuenta con seguidores a nivel nacional.
Dentro de la Guarnición Militar de Ejército de Arica, el San Bernardo también se ha convertido en parte de la vida cotidiana. Es querido por sus camaradas y por el personal militar que comparte con él durante las actividades de servicio y de vinculación con la comunidad.
Así como sus compañeros de formación se prepararon para desfilar demostrando profesionalismo, disciplina y preparación, Tacora también cumplió con su propio ritual: pelaje impecable, su característico barril de agua, capa roja de presentación y porte erguido. Todo listo para una nueva marcha junto a sus camaradas.
Tacora es hoy el heredero de una tradición que comenzó mucho antes que él y que continúa uniendo montaña, servicio y compañerismo, valores que forman parte del soldado chileno.