Llegar justo a fin de mes, acumular deudas o vivir con la incertidumbre de no saber si el sueldo alcanzará para cubrir los gastos no solo afecta el bolsillo: también podría impactar el funcionamiento del cerebro.
Así lo sugiere un reciente estudio internacional de University College London (UCL), que evidenció que las personas expuestas durante años a dificultades económicas presentan un mayor desgaste en funciones como la memoria y la velocidad de procesamiento. Los especialistas advierten, eso sí, que este deterioro no es irreversible.
Para el psicólogo Eduardo Sandoval, académico del Magíster en Neurociencias de la Universidad Autónoma de Chile, hablar de un «envejecimiento cerebral acelerado» no implica que una persona vaya a desarrollar demencia, sino que «algunos indicadores cognitivos aparecen antes de lo esperado para la edad, lo que refleja una mayor vulnerabilidad producto del estrés sostenido».
Según el experto, cuando las preocupaciones económicas se prolongan durante meses o años, el organismo permanece en estado de alerta permanente. «El estrés crónico aumenta la liberación de cortisol y favorece procesos inflamatorios que afectan regiones clave del cerebro, como el hipocampo, encargado de la memoria, y la corteza prefrontal, responsable de la planificación y la toma de decisiones», señala.
En Chile, donde muchas familias enfrentan altos niveles de endeudamiento e inseguridad económica, Sandoval indica que el mayor riesgo no proviene solo de tener deudas, sino de vivir con una sensación permanente de inestabilidad financiera, algo que puede alterar el sueño, aumentar el riesgo de síntomas depresivos y generar conflictos familiares.
El cerebro puede recuperarse
Pese a este panorama, hay una buena noticia: gracias a la neuroplasticidad, el cerebro conserva su capacidad de adaptarse y reorganizarse a lo largo de la vida. «Cuando disminuye el estrés, mejora el descanso y la persona recupera control sobre su vida, también mejora la capacidad para concentrarse, planificar y aprender», explica el investigador. La recuperación dependerá de la edad, el tiempo bajo estrés, la salud cardiovascular y los hábitos de vida.
Para proteger la salud cerebral, el especialista recomienda mantener una rutina de actividad física, dormir entre siete y nueve horas diarias, seguir una alimentación equilibrada y evitar el consumo de tabaco y el exceso de alcohol. También aconseja fortalecer los vínculos sociales, estimular la mente mediante la lectura y el aprendizaje, ordenar las finanzas familiares con prioridades realistas y buscar orientación cuando sea necesario. A ello se suma participar en actividades con propósito, como el voluntariado o el cuidado de otras personas.
«Estos recursos no eliminan el estrés financiero, pero aumentan significativamente la resiliencia y contribuyen a preservar el funcionamiento cerebral y la calidad de vida durante el envejecimiento», concluye el experto.