Un trasplante puede significar continuar con vida, recuperar autonomía o volver a realizar actividades cotidianas. Sin embargo, en Chile la disponibilidad de órganos continúa lejos de responder a la necesidad existente: durante 2025 se realizaron 563 trasplantes, cifra que permitió cubrir apenas al 25% de las personas que se encontraban en lista de espera, según datos publicados en el sitio Yo Dono Vida del Ministerio de Salud.

La brecha adquiere especial relevancia cada 27 de septiembre, cuando se conmemora el Día Nacional del Donante de Órganos y Tejidos, fecha que busca sensibilizar sobre una decisión capaz de transformar la vida de quienes esperan un trasplante y de sus familias.

En la Región del Biobío, durante el mismo año, el Hospital Clínico Regional Dr. Grant Benavente de Concepción alcanzó cifras récord, con 82 trasplantes de diversos órganos, mientras que el Hospital Las Higueras de Talcahuano complementó la red regional con más de una veintena de trasplantes renales.

Respecto de estas cifras, el académico del Departamento de Ciencias de la Enfermería de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Erik Álvarez, señaló que “existe un desafío en Chile, que es fortalecer la detección de posibles donantes, la coordinación hospitalaria y el acceso a información confiable. También debemos dar mayor visibilidad a la donación de tejidos, como córneas y piel, que puede cambiar profundamente la vida de quienes los necesitan”.

Para algunas personas, el trasplante constituye la única alternativa terapéutica viable. Entre sus beneficios se encuentran recuperar la autonomía, retomar actividades cotidianas y compartir más tiempo con la familia.

Mitos que todavía frenan la donación

Parte de la población mantiene temores respecto de la donación de órganos. Uno de ellos es la creencia de que el equipo de salud podría dejar morir a una persona para extraer sus órganos. Frente a esto, es importante aclarar que la prioridad del personal sanitario es siempre atender al paciente y proteger su vida. Además, los profesionales que certifican el fallecimiento no pueden formar parte del equipo encargado de realizar el trasplante.

Otro de los mitos frecuentes es creer que una persona puede despertar después de una muerte encefálica. Esta condición es irreversible y significa el fallecimiento de la persona, luego de ser confirmada por especialistas. A partir de esta certificación y siguiendo los protocolos establecidos, se puede evaluar la posibilidad de donar sus órganos.

También existen inquietudes relacionadas con la asignación de órganos y la posibilidad de que esta no sea justa. Sin embargo, la distribución se realiza de acuerdo con criterios clínicos y de compatibilidad, según el órgano requerido, y no en función de la capacidad económica de las personas.

El enfermero indicó que “para aclarar estos temores necesitamos permanentemente mantener campañas de difusión sobre este tema y ayudar a que sea una conversación presente dentro de las familias, incluyendo a los niños para que se sensibilicen precozmente”.

Una conversación que también debe comenzar en familia

Los profesionales de la salud cumplen un rol fundamental en las distintas etapas del proceso de donación y trasplante. Su labor considera la preparación y gestión necesaria para articular los esfuerzos técnicos, políticos y económicos que permiten la conformación de los equipos involucrados en el procuramiento de órganos, el trasplante y el seguimiento de los pacientes.

Todo este proceso se desarrolla bajo estrictas normativas clínicas, éticas y administrativas, que buscan garantizar ante la población un procedimiento seguro y de calidad. A ello se suma la responsabilidad de humanizar el proceso y acompañar tanto a las familias de los donantes como a quienes esperan un trasplante.

Asimismo, los profesionales de la salud tienen un papel relevante en la difusión de esta temática, sus beneficios y la sensibilización de la población. En esta línea, la UCSC ha trabajado durante varios años en acercar la donación de órganos y tejidos a distintos públicos, incluyendo a niños y niñas, a través del cuento “Dono y Vita”.

“Es imprescindible ponerse empáticamente en el papel tanto de donante como de receptor, dado que cualquier persona puede eventualmente requerir de un órgano o encontrarse en la circunstancia de aceptar que se extraigan los órganos de un ser querido. En un momento en que la tecnología y la inteligencia artificial son un gran atractivo, la sola reflexión acerca de la donación de órganos nos vuelve a esa dimensión espiritual y humana connatural a nuestra vida en sociedad”, concluyó el especialista.