El 24 de junio pasado, dos terremotos consecutivos golpearon a la región norte-costera de Venezuela. Los terremotos desencadenaron fallas y colapsos en numerosos edificios en ciudades densamente pobladas como La Guaira y Caracas. El saldo en pérdidas humanas y materiales, así como el impacto en la población venezolana tanto dentro como fuera del país, la sitúan como el mayor desastre en la historia reciente de Venezuela.

El académico del Departamento de Obras Civiles de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Andrés Bello (UNAB), Edgar Chacón, afirma que “un desastre de esta magnitud no se puede explicar con un solo argumento, sino que las causas de tal devastación son múltiples y complejas”.

Sin embargo, a su juicio, destacan tres elementos fundamentales: la amenaza sísmica, la vulnerabilidad intrínseca de las edificaciones y la capacidad de respuesta y gestión de emergencias.

  1. La amenaza sísmica

“El terremoto, en general, presentó características ‘atípicas’, aunque es un escenario que se presume recurrente en la historia del sistema de fallas Boconó-San Sebastián”, sostiene Chacón.

En ese sentido, recuerda que esa jornada se registraron dos terremotos a poca profundidad, de magnitudes 7.1 y 7.5 Mw (USGS), con una variación temporal inferior a un minuto entre ambos. “Este doblete sísmico superficial es un escenario crítico, sobre todo porque la ubicación de los epicentros de los terremotos está muy cerca de las zonas de mayor densidad demográfica del país”, dice el especialista. 

La actual norma venezolana de diseño sísmico (COVENIN 1756, 2019) y sus predecesoras -dice- “no están concebidas para asimilar dos terremotos de tal magnitud de manera consecutiva”.

“La ocurrencia del doblete pudo haber alterado el contenido de frecuencias de las ondas que se mueven por el terreno, la duración total del evento y la demanda estructural. Será imperativo analizar los reportes oficiales y los registros de aceleración cerca de las zonas más afectadas para determinar y entender la demanda sísmica real”, agrega.

  1. Vulnerabilidad intrínseca de las edificaciones

Un segundo elemento que menciona y que, en su opinión, explica este nivel de devastación es la vulnerabilidad intrínseca de las edificaciones. “Venezuela cuenta con normativas sísmicas formales. Por ejemplo, para el diseño de edificios de hormigón armado en zonas de alta amenaza sísmica, la norma COVENIN 1753 (2006) exige cumplir con requerimientos de diseño sismorresistente a través de un detallado especial para los pilares, vigas y zonas donde se esperan concentraciones de daño sísmico”.

“No obstante -complementa-, es probable que exista una brecha considerable entre el diseño y el control de calidad durante la construcción, aspecto que deberá ser investigado”.

El académico de la Facultad de Ingeniería UNAB comenta que entre los principales factores que incrementan la vulnerabilidad de los edificios construidos en Venezuela destacan: 

El uso de albañilería en paredes: “se ha observado mucho daño y/o colapso generalizado de fachadas y cerramientos de albañilería no estructural. Aunque en muchos casos los edificios no presentan fallas estructurales severas, la caída de estos cerramientos representa un riesgo letal durante las evacuaciones y posteriormente los deja inoperativos, dada la cantidad de escombros difíciles de remover”.

Ausencia de mantenimiento preventivo: “la escasez de recursos provocada por la crisis económica de las últimas dos décadas ha motivado un deterioro generalizado de las estructuras. Si bien los edificios pudieron ser proyectados y construidos con una capacidad específica, la falta de mantenimiento disminuye su vida útil y su resistencia ante terremotos”.

Antigüedad del parque construido: “una cantidad significativa de las estructuras colapsadas supera los 40 años de antigüedad. Es necesario realizar un levantamiento técnico detallado para clasificar los daños según el año del diseño y construcción y cotejar con la evolución normativa”. 

Condiciones geotécnicas desfavorables: “particularmente en La Guaira, es probable que los colapsos y, en general, el daño severo y generalizado estén asociados a una amplificación del movimiento del terreno por las condiciones del suelo. La presencia de suelos de deposición aluvional reciente, el espesor de las capas de suelo, su potencial de licuación y un cuestionable acondicionamiento geotécnico previo a la construcción de edificios de mediana altura, son hipótesis que requieren investigación técnica urgente”.

  1. Capacidad de respuesta y gestión de emergencias

Como tercer factor, Chacón plantea que “la situación actual es de extrema gravedad debido a la nula capacidad de respuesta institucional ante el desastre”.

En ese contexto, sostiene que “la carencia de recursos operativos, la falta de coordinación gubernamental y la fragilidad del sistema de salud público conforman un escenario altamente vulnerable, obligando a la población civil a gestionar la crisis con medios propios”.

“En este sentido, hay que destacar la respuesta de la población civil, tanto dentro como fuera de Venezuela, y la enorme contribución de diversos países que han prestado su ayuda económica y logística para gestionar la respuesta ante este enorme desastre”, agrega el experto.

Y concluye: “si bien no es posible prever un evento sísmico de esta magnitud, la minimización del riesgo se hace a través de reducir la vulnerabilidad estructural y social de las ciudades. En este sentido, tomando en cuenta las condiciones de Venezuela en los últimos años, un doblete sísmico de estas características produjo la crónica de un desastre anunciado y marcará el rumbo del país por décadas”.