El reciente sistema frontal que afecta a gran parte del país volvió a instalar una pregunta que en Chile suele quedar en segundo plano frente a la amenaza sísmica: cómo se diseñan y verifican las construcciones frente a eventos de viento intenso. Esta semana, el Gobierno decretó emergencia preventiva en 10 regiones ante un temporal que considera lluvias, nevadas, marejadas y fuertes vientos. En paralelo, en la Región del Biobío, el viento desprendió casi por completo la techumbre de la escuela modular de Punta de Parra, en Tomé.

Sin atribuir causas a ese caso particular, el episodio vuelve a poner sobre la mesa la relevancia de considerar el viento como una acción estructural que puede resultar decisiva, especialmente en cubiertas, elementos livianos y soluciones expuestas a ráfagas intensas. En ese contexto, cobra especial sentido el trabajo técnico desarrollado en torno a la actualización de la NCh432, norma de diseño estructural para cargas de viento.

La actualización de la NCh432, presentada en 2025, respondió a una necesidad postergada durante años: contar con datos locales confiables y una metodología alineada con estándares internacionales recientes. Además, buscó resolver la coexistencia de la versión de 1971 y la de 2010 —esta última nunca oficializada—, que durante años generó incertezas normativas.

Como explica el ingeniero civil estructural Carlos Peña, miembro de la Asociación de Ingenieros Civiles Estructurales (AICE) y parte del Comité de la norma, uno de los avances centrales fue el fortalecimiento de la base de información meteorológica utilizada para definir velocidades de diseño. El análisis consideró 36 estaciones meteorológicas, ampliando la base de datos previa, aunque también dejó en evidencia una limitación relevante: de unas 140 estaciones posibles, solo 36 contaban con registros de más de 10 años, lo que muestra que todavía existe espacio para seguir mejorando la precisión de la información disponible para diseño.

La actualización también avanzó en una zonificación más detallada, definida directamente por especialistas en climatología a partir del comportamiento regional del fenómeno, y no mediante una zonificación puramente estadística o basada principalmente en criterios ingenieriles. Esto permite disponer de valores de diseño más representativos de las condiciones regionales, reforzando la consistencia técnica de la norma. Al mismo tiempo, se incorporó por primera vez un método simplificado validado para construcciones menores, pensado para estructuras de bajo riesgo y dimensión reducida, con cálculos rápidos y consistentes con la norma principal.

“La actualización de la NCh432 no consistió solamente en mejorar los valores. Hubo un trabajo profundo en la revisión de la información disponible, en entender mejor cómo se comporta el viento en las distintas zonas del país y en ordenar criterios que durante muchos años no estuvieron suficientemente claros”, señala Peña.

 A juicio del especialista, la coyuntura actual vuelve visible un tema que ya estaba planteado en el plano técnico: el diseño ante viento no puede ser tratado como una cuestión secundaria. “Cuando una cubierta se desprende, una estructura liviana falla o incluso una grúa torre colapsa, es muy fácil concluir que el viento fue demasiado fuerte. Pero también es importante revisar cómo se verificó esa estructura, qué presiones se consideraron y, en muchos casos, preguntarse honestamente si realmente hubo diseño”, advierte.

“Desde AICE, el llamado es a ampliar la conversación pública sobre seguridad estructural y a entender que, además del sismo, existen otras acciones relevantes que deben ser consideradas en el diseño y desempeño de las construcciones. En un país expuesto a lluvias intensas, viento, marejadas y otras solicitaciones ambientales, contar con criterios normativos actualizados no es un asunto accesorio, sino parte de una cultura técnica orientada a la seguridad y la resiliencia”, opina Jorge Tobar, presidente de AICE.

La coyuntura actual ofrece así una oportunidad para reforzar una idea de fondo: las cargas de viento también pueden controlar el diseño estructural, y su adecuada consideración en proyectos, cubiertas, uniones y soluciones constructivas puede ser determinante para el desempeño de las obras frente a eventos extremos. “En ese sentido, la actualización de la NCh432 aparece menos como un ajuste teórico y más como una herramienta necesaria para responder con mayor solidez a condiciones reales del territorio”, puntualiza Tobar.