Edgardo Fuentes Cáceres – Director Ingeniería en Ciberseguridad UNAB

Pocas herramientas del Estado chileno han cambiado tanto la vida cotidiana como la ClaveÚnica. Nació de manera discreta, pero fue la pandemia la que la convirtió en algo casi imprescindible. Los permisos en Comisaría Virtual, los certificados, los trámites de salud o previsionales dejaron de exigir filas y traslados. Hoy, más de 16 millones de personas la usan para acceder a más de 1.700 servicios públicos. Es, con razón, uno de los grandes aciertos del gobierno digital.

Ese mismo éxito explica por qué debemos cuidarla más. Una sola credencial abre más de 1.700 puertas. Esa comodidad enorme para el ciudadano es igual de conveniente para quien logra copiar la llave. Cuando concentramos tanto en un solo acceso, protegerlo deja de ser un detalle técnico y pasa a ser un asunto de confianza pública.

Conviene recordar lo ocurrido a comienzos de este año. Circuló la alarma de una supuesta filtración masiva de ClaveÚnica y el temor se instaló en redes y medios. La Secretaría de Gobierno Digital aclaró que no había evidencia de que la base de datos ni la infraestructura del sistema hubieran sido vulneradas. Especialistas del sector coincidieron en que, más que un «hackeo» al sistema, lo que suele ocurrir es el robo de credenciales, es decir, de usuarios y contraseñas obtenidos por otras vías.

La distinción no es un tecnicismo. Desde una mirada de ingeniería, la muralla no se cayó, las llaves se fueron copiando de a una, en buena parte a través de engaños. El phishing es el método preferido, y se intensifica en fechas de alta presión, como la Operación Renta, cuando un correo que simula al SII y advierte de un plazo por vencer basta para que alguien entregue sus datos sin verificar. La urgencia, no la ignorancia, es la principal herramienta del atacante.

Y aquí aparece el problema de fondo que arrastró el diseño original. Durante años, para entrar bastaba con el RUT, el número de serie del carnet y una contraseña. El inconveniente es que el número de serie circula constantemente, lo pedimos y lo entregamos en trámites cotidianos. Un dato que «sabemos», pero que en la práctica es semipúblico, difícilmente puede ser el único candado. Mientras el acceso dependió solo de algo que se sabe, copiarlo fue cuestión de tiempo.

Por eso la noticia más relevante de las últimas semanas es también la más esperada: desde fines de julio, ClaveÚnica incorporó un Segundo Factor de Autenticación de manera voluntaria. En palabras simples, además del RUT y la contraseña, se solicita un código temporal que genera una aplicación en el teléfono. Aunque alguien conozca su contraseña, no podrá ingresar sin ese dispositivo. El cambio es más profundo de lo que parece, pasamos de depender solo de «algo que se sabe» y que puede copiarse a exigir además «algo que se tiene». Se rompe la vieja ecuación de que conocer la clave equivale a tener acceso.

Es la dirección correcta. Pero quedan desafíos que conviene nombrar sin alarmismo. El primero es que la medida es opcional, y la experiencia enseña que las protecciones voluntarias suelen adoptarlas quienes menos las necesitan. El segundo, más delicado, es la inclusión. Cualquier capa de seguridad debe pensarse para quien tiene menos alfabetización digital: personas mayores, zonas rurales, hogares que comparten un solo teléfono. Una seguridad que excluye no protege; empuja a la gente de vuelta al camino vulnerable o a manos de intermediarios. El reto de ingeniería no es solo agregar un candado, sino lograr que el camino seguro sea también el más fácil, y que nadie quede fuera.

Vale una advertencia adicional. El segundo factor protege el inicio de sesión, pero los engaños evolucionan y ya existen intentos por capturar esos códigos en tiempo real. Es un gran paso, no una meta cumplida. Por eso la responsabilidad no puede recaer solo en el ciudadano; acompañar el cambio con educación continua y con decisiones institucionales que hagan de la seguridad la opción por defecto es parte del mismo esfuerzo.

La historia de la ClaveÚnica es la de una herramienta pública que se ganó la confianza de millones. Cuidar esa confianza es hoy la prioridad. La invitación es concreta: active el segundo factor de autenticación en claveunica.gob.cl. Y, como país, sigamos avanzando hacia servicios digitales seguros por diseño, sin dejar a nadie atrás.