La calidad de la miel no depende únicamente del momento de la cosecha y del origen de la miel. También está determinada por otras variables como la alimentación de las abejas, la disponibilidad de agua y flores, el estado sanitario de las colonias y las condiciones ambientales del territorio. Por eso, frente al cambio climático, producir miel requiere cada vez más conocimiento, prevención y capacidad para adaptar los manejos a este escenario.

La conmemoración del Día Nacional de la Miel también busca incentivar su consumo y relevarla como un superalimento natural que, además de endulzar, aporta energía y contiene compuestos con capacidad antioxidante. Al mismo tiempo, invita a conocer su origen y a valorar el trabajo de los apicultores que hacen posible su producción.

Con esa mirada, la Universidad de O’Higgins, con financiamiento del Gobierno Regional de O’Higgins, ejecuta el proyecto FIC “Programa de extensión e innovación para la adaptación de la apicultura al cambio climático”, una iniciativa que busca fortalecer el rubro mediante formación especializada, asesoría técnica e infraestructura de apoyo para los productores apícolas.

Uno de sus principales avances es la implementación de un laboratorio apícola en el Campus Colchagua de la UOH, donde se están incorporando técnicas para analizar características de las mieles como su color, nivel de azúcares, frescura y presencia de compuestos naturales con capacidad antioxidante. Esta información permitirá conocer mejor los productos regionales y respaldar sus atributos con datos objetivos.

La directora del proyecto e investigadora de la Universidad de O’Higgins, Dra. Andrea Müller, explicó que el desafío es observar la producción de miel como un proceso completo, que comienza mucho antes de que el producto llegue a ser cosechado.

“El Día Nacional de la Miel nos permite valorar el producto, pero también reconocer todo el trabajo que existe detrás. Queremos invitar a las personas a preferir miel producida por apicultores de la región y, al mismo tiempo, avanzar en un mayor conocimiento de sus características y de su origen. Cuando un productor conoce mejor sus colmenas y su entorno, cuenta con más herramientas para mejorar sus decisiones y su productividad”, señaló Müller.

El laboratorio se complementa con un apiario demostrativo que permite acercar a productores, estudiantes y la comunidad al manejo de las colmenas y al conocimiento de especies vegetales que pueden aportar alimento a las abejas utilizando menos agua.

De la capacitación a las decisiones en terreno

La formación ha sido otro de los ejes centrales del programa. A través de cursos, seminarios y actividades prácticas, la iniciativa ha abordado temáticas como sanidad, nutrición, genética, polinización, biodiversidad y apicultura natural regenerativa.

Estas actividades buscan que los productores puedan relacionar lo que ocurre dentro de la colmena con factores como la disponibilidad de alimento, el clima y las prácticas agrícolas presentes en su entorno. De esta manera, la prevención y el conocimiento del territorio pasan a ser parte de las decisiones productivas.

El proyecto también ha impulsado Unidades de Mejoramiento Productivo Apícola en predios de las tres provincias de O’Higgins, donde productores reciben asesoría para aplicar mejoras sanitarias, nutricionales y genéticas. A ello se suma un trabajo territorial destinado a avanzar en la identificación de las colmenas y conocer la capacidad de los distintos sectores para sostener la actividad apícola.

Para el gobernador regional de O’Higgins, Pablo Silva Amaya, uno de los principales valores de esta iniciativa es que permite dejar capacidades instaladas que podrán seguir apoyando al sector más allá de la ejecución del proyecto.

“No se trata solamente de financiar actividades puntuales, sino de generar herramientas que permanezcan en la región. El laboratorio, la formación y el trabajo desarrollado junto a los apicultores fortalecen una actividad que forma parte de nuestra identidad rural y que además cumple un papel fundamental en la agricultura de O’Higgins”, afirmó la autoridad regional.

La importancia de este trabajo trasciende la producción de miel. Las abejas participan en la polinización de frutales, hortalizas, semillas y especies silvestres, por lo que su salud se relaciona directamente con la producción de alimentos y con la conservación de los ecosistemas.

En una región con una fuerte vocación agrícola, fortalecer la apicultura también significa prepararse para condiciones ambientales cada vez más exigentes. En este Día Nacional de la Miel, la experiencia desarrollada en O’Higgins invita a reconocer no solo el valor del producto, sino también el conocimiento, el cuidado de las colmenas y el trabajo de los productores que hacen posible su elaboración.