La inteligencia artificial se ha convertido en una de las herramientas más utilizadas en el trabajo. Redactar correos, resumir reuniones, generar informes o analizar documentos son tareas que hoy muchas personas realizan con ayuda de plataformas de IA para ahorrar tiempo y aumentar su productividad. Según el Barómetro Digital 2026, el 76% de los chilenos ya utiliza Inteligencia Artificial como un componente cotidiano en sus dinámicas diarias.
Sin embargo, detrás de esa comodidad surge una pregunta que preocupa cada vez más a especialistas en tecnología y ciberseguridad: ¿sabemos realmente qué información estamos compartiendo con estas herramientas?
Aunque para muchos puede parecer inofensivo copiar un texto en una plataforma de inteligencia artificial para obtener una respuesta más rápida, la realidad es que en algunos casos los usuarios podrían estar ingresando información sensible sin siquiera darse cuenta.
Contratos, propuestas comerciales, bases de datos de clientes, reportes financieros e incluso planes estratégicos son algunos ejemplos de documentos que podrían terminar siendo utilizados en consultas cotidianas realizadas por trabajadores.
Según Herwin Cajamarca, gerente de Ingeniería de Negocios de IFX, este fenómeno se ha expandido más rápido que las políticas internas de muchas organizaciones: «Hoy la mayoría de las empresas ya tiene colaboradores utilizando inteligencia artificial, exista o no una estrategia formal para ello. La pregunta ya no es si la IA está presente en la organización, sino si la empresa sabe cómo se está utilizando y qué información está siendo compartida», explica.
El riesgo no es la IA, sino cómo la usamos
Para el especialista, el problema no está en la tecnología en sí misma, sino en la falta de conocimiento respecto a los datos que se entregan durante su uso.
«Hemos visto casos donde trabajadores utilizan herramientas de IA para resumir contratos, analizar documentos o redactar informes. Son acciones que buscan mejorar la productividad, pero que también pueden involucrar información sensible si no existen lineamientos claros sobre qué datos pueden ser utilizados y cuáles no», señala.
La situación preocupa especialmente porque la información se ha transformado en uno de los activos más valiosos para cualquier organización: «Durante años las empresas se preocuparon de evitar que la información saliera por correos personales o dispositivos externos. Hoy existe una nueva realidad: los datos pueden compartirse con herramientas de inteligencia artificial en cuestión de segundos. Eso obliga a repensar las políticas de seguridad desde una perspectiva completamente distinta», agrega.
¿Cómo usar IA sin poner en riesgo la información?
Los expertos coinciden en que la solución no pasa por prohibir estas herramientas, sino por utilizarlas de manera responsable.
Algunas recomendaciones básicas incluyen evitar compartir datos personales de clientes, información financiera, contratos confidenciales, códigos de acceso o cualquier documento estratégico cuya divulgación pueda generar riesgos para la organización.
Además, recomiendan que las empresas capaciten a sus trabajadores y definan reglas claras sobre qué tipo de información puede utilizarse en plataformas de inteligencia artificial.
«La IA tiene un enorme potencial para mejorar la productividad. Pero para aprovecharla de manera segura, las empresas deben entender que esta ya no es sólo una conversación tecnológica; también es una discusión sobre protección de datos, seguridad y confianza», concluye Cajamarca.