Por Heriberto García, exdirector del Instituto de Salud Pública (ISP) y director de la carrera de Química y Farmacia de la UDD. 

Si Chile quiere liderar en IA, no basta con infraestructura o centros de datos. Se necesita, con urgencia, un entorno regulatorio que facilite el tránsito de la investigación al mercado. De lo contrario, seguiremos exportando el talento y el valor que generamos a los países con regulación farmacéutica más moderna o de mejor interpretación favorable al crecimiento tecnológico y económico.

El núcleo del desafío planteado por el gobierno busca pasar de ser un mero exportador de materias primas a un actor clave que diseñe y entrene inteligencia artificial desde el país. Una aspiración compartida, pero que choca con una dura realidad: la gran dificultad para transformar conocimiento en innovación real.

Actualmente, Chile invierte cerca de US$ 1.000 millones al año en I+D. Sin embargo, una parte importante de estos hallazgos queda atrapada entre la investigación y la aplicación práctica, sin llegar nunca al mercado. El problema no es el talento ni la capacidad científica, sino las barreras regulatorias que frenan la transferencia tecnológica.

Se produce una paradoja evidente, donde el Estado financia ciencia de calidad, pero los beneficios económicos los capturan otros países con marcos normativos más modernos y eficientes.

El futuro productivo de Chile no dependerá de cuánto investiguemos, sino de nuestra capacidad para transformar esa ciencia en desarrollo económico, bienestar social y nuevas industrias.