Sequía, inundaciones, nuevas enfermedades y climas extremos son parte de las consecuencias actuales del cambio climático que ha generado importantes problemas en el mundo, entre ellos, la falta de alimentos. Por tal sentido, desde la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (ONU/FAO) se promueve la gastronomía sostenible y la urgente necesidad de cuidar la manera de cultivar, producir y consumir alimentos. Este modelo minimiza el impacto ambiental a través del consumo de productos locales y estacionales, a fin de apoyar el comercio justo y la reducción del desperdicio alimentario

Al respecto, la docente de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Talca, Monserrat Morales González, explicó que la gastronomía sostenible “es una cocina consciente que considera el origen de los ingredientes, cómo se cultivan, cómo llegan a los mercados y finalmente a los platos, apoyando la protección de la biodiversidad y la salud de las personas”.

Consumir productos locales, así como “reducir desperdicios y preservar tradiciones culinarias, contribuye al desarrollo sostenible”, subrayó. Además, se obtiene mayor beneficio nutricional al respetar los ciclos naturales de producción y consumo de los alimentos, explicó la especialista, ya que no solo busca el placer sensorial, sino el bienestar físico, psíquico y emocional del consumidor.

Recomendaciones

¿Cómo se logra la gastronomía sostenible? Morales indicó que se deben preferir dietas basadas principalmente en vegetales, consumir productos locales y estacionales, disminuir el consumo de carnes procesadas y de alimentos ultra procesados, así como reducir el desperdicio alimentario.

Los beneficios de ejecutar este principio van desde la conservación de recursos naturales (como el agua, esencial para la supervivencia del planeta), hasta la producción alimentaria ecológica (métodos de cultivo respetuosos disminuyen la huella ecológica y aseguran alimentos saludables). Asimismo, favorece la reducción de desperdicios desde producción hasta consumo, apoya las economías locales, mejora la calidad de vida con un crecimiento económico más equitativo y reduce gases de efecto invernadero.

Finalmente, según la FAO, consumir alimentos locales que se han producido de manera sostenible supone una gran diferencia para los medios de subsistencia de los agricultores, para el medio ambiente y para la economía en general.