Inundaciones, incendios forestales, sequías prolongadas o temperaturas extremas. Los efectos de la crisis climática son cada vez más visibles tanto en Chile como en distintas partes del mundo, lo que ha llevado a que muchas personas experimenten preocupación, angustia o incertidumbre frente al futuro del planeta.

Cuando estas emociones se relacionan con los impactos presentes y futuros del cambio climático, pueden dar origen a un fenómeno conocido como ecoansiedad. La Asociación Americana de Psicología la define como el miedo crónico a la fatalidad medioambiental, asociado a la crisis climática y sus consecuencias.

Si bien este concepto ha ganado notoriedad en los últimos años, es importante comprender que no se trata de un trastorno psicológico. Así lo explicó la directora del Centro de Psicología Aplicada (CEPA) de la Universidad de Talca, Nadia Ramos Alvarado.

También conocida como ansiedad climática, puede manifestarse de distintas maneras. Según explicó la especialista, “siendo lo más común sentir malestar similar a los síntomas depresivos, ansiosos o de estrés postraumáticos ante el cambio climático y las amenazas medioambientales. Es generado por la toma de conciencia sobre la magnitud de los impactos presentes y futuros de la crisis ambiental o climática”.

Si bien estas emociones son una respuesta comprensible frente a la preocupación por el medioambiente, pueden transformarse en una dificultad cuando generan una sensación de impotencia o falta de control que se vuelve inmanejable y que altera el funcionamiento de la persona.

“No es un trastorno propiamente tal, aunque sí genera dificultades y mucho malestar en las personas. La mayor dificultad es cuando sienten que quedan paralizadas por este miedo a los efectos del cambio climático y que no pueden hacer nada al respecto”, aclaró. Existen grupos más vulnerables como las personas que trabajan en ecología y medio ambiente; los niños, niñas y adolescentes; los pueblos indígenas que tienen una relación estrecha con la naturaleza, así como las personas que viven en zonas con escasez de agua.

Frente a este escenario, la académica destacó la importancia de canalizar estas inquietudes a través de acciones concretas y espacios de participación comunitaria, que permitan favorecer conductas proambientales y abordar la crisis climática desde una perspectiva más activa y esperanzadora.

“Es importante que las personas comprendan que pueden estar pasando por una situación como esta y participen activamente de espacios como las huertas comunitarias o instancias donde se discuta sobre los efectos del clima, pero desde una perspectiva de esperanza, de cambios y mejoras para no quedarse paralizado solo desde el miedo y el no puedo hacer nada”, concluyó.