Al igual que el resto de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Chile enfrenta un acelerado proceso de envejecimiento poblacional. Según el Censo 2024, las personas de 65 años o más representan el 14% de la población, mientras disminuye la proporción de niños y adolescentes. Este cambio demográfico plantea nuevos desafíos para los sistemas de salud y cuidados, haciendo cada vez más necesaria la formación continua de profesionales y cuidadores que trabajan con personas mayores, especialmente en los Establecimientos de Larga Estadía para Personas Mayores (ELEAM).

La directora del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina y jefa del Diplomado en Gerontología Social de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Mari Alarcón, explicó que el envejecimiento de la población demanda equipos cada vez más preparados para responder a una mayor complejidad clínica y funcional. 

“El cuidado de las personas mayores requiere mucho más que conocimientos clínicos. Hoy necesitamos equipos preparados para trabajar desde un enfoque integral, promoviendo la autonomía, la calidad de vida y la dignidad de las personas, mediante una formación continua que responda a las nuevas necesidades de una población cada vez más longeva”, destacó. 

El último reporte del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo reveló el impacto de las enfermedades crónicas en las personas mayores en Chile: una de cada dos personas de 60 años o más reporta hipertensión; un 27% vive con diabetes; un 21,5% con dolor crónico y un 14,6% con depresión. Además, un 16% de este grupo señala consumir seis o más medicamentos de manera regular. Este escenario exige que quienes trabajan con personas mayores cuenten con una formación especializada para responder a necesidades clínicas, funcionales, sociales y emocionales cada vez más complejas. 

En ese contexto, los desafíos del sistema de cuidados, especialmente en espacios de atención de larga estadía, han impulsado el fortalecimiento de los estándares de calidad y formación de los equipos. “El Decreto Nº 20 fortalece los estándares de atención en los ELEAM y pone énfasis en la capacitación permanente de los equipos, incorporando competencias en gerontología, valoración geriátrica integral, promoción de la funcionalidad, prevención de riesgos, administración segura de medicamentos y trabajo interdisciplinario. Además, exige la elaboración de planes de atención individualizados y el trabajo coordinado con la red de salud, resguardando siempre los derechos, la autonomía y la dignidad de las personas mayores”, señaló. 

De este modo, el desafío no se limita a fortalecer estándares normativos y de gestión, sino también a avanzar hacia un cambio en la forma de comprender el envejecimiento y la atención de las personas mayores. “El principal valor de la gerontología social es comprender el envejecimiento como un proceso multidimensional, donde intervienen factores biológicos, psicológicos, sociales, culturales y ambientales, superando una mirada centrada solo en la enfermedad o la dependencia. A diferencia de los enfoques más tradicionales, promueve una atención centrada en la persona, que fortalece la autonomía, la participación, los derechos y la calidad de vida de las personas mayores”, complementó. 

Desde esta perspectiva, la formación en gerontología social permite comprender las trayectorias diversas del envejecimiento y abordar el cuidado desde una perspectiva integral, que considera la historia de vida, el contexto y las necesidades particulares de cada persona mayor. “Se trata de una mirada que complementa el enfoque sanitario, integrando el cuidado clínico con dimensiones sociales y relacionales, y que resulta clave para responder a los desafíos actuales de los sistemas de cuidados», indicó. 

En un país que envejece a ritmo acelerado, el desafío ya no es solo cuánto viven las personas, sino cómo se les cuida en esa etapa de la vida. La calidad de la atención, la formación de los equipos y la capacidad del sistema de adaptarse a nuevas complejidades serán claves para garantizar un envejecimiento digno, activo y con derechos.