Con la llegada de las vacaciones de invierno, muchas familias buscan alternativas para entretener a niños y niñas durante los días de descanso. En un contexto en el que las pantallas ocupan cada vez más espacio en la vida cotidiana, este período representa una valiosa oportunidad para volver a conectar con la naturaleza y promover experiencias que favorezcan el bienestar físico, emocional y social.

Diversos estudios han advertido que el uso excesivo de pantallas está ligado a una serie de desafíos cognitivos, físicos y emocionales y puede desplazar actividades fundamentales para el desarrollo infantil, como el juego libre, el movimiento, la exploración, la lectura y la interacción con otras personas. Por ello, especialistas en educación recomiendan aprovechar los momentos de descanso para generar experiencias significativas fuera del entorno digital.

Para Carolina Correa, directora del ciclo preescolar del Colegio Nido de Águilas y educadora en Aprendizaje al Aire Libre, las vacaciones son una invitación a recuperar experiencias simples que generan aprendizajes profundos. «Las vacaciones de invierno son una oportunidad para bajar el ritmo y volver a conectar con aquello que niños y niñas necesitan de manera natural: tiempo para explorar, moverse, imaginar y descubrir el mundo con todos sus sentidos. No se requieren grandes panoramas; muchas veces, una caminata, observar los cambios de la estación o jugar al aire libre pueden convertirse en experiencias de aprendizaje muy significativas», señala.

Desde la Fundación de Educación Holística en la Naturaleza (FEHN), su directora y fundadora, Valentina Alliende, coincide en la importancia de aprovechar este período para fortalecer el vínculo con el entorno: «La naturaleza, el aire libre y la comunidad son educadores permanentes. Las vacaciones pueden ser una excelente oportunidad para que niños y niñas descubran, exploren y vuelvan a la calma. Cuando juegan, observan y viven experiencias en la naturaleza, comprenden que forman parte de una trama viva de relaciones en la que personas, animales, plantas y ecosistemas están profundamente conectados. Esa experiencia favorece el respeto, el cuidado mutuo y una conciencia más profunda de nuestro lugar en el mundo», afirma.

Siete ideas para aprovechar la naturaleza durante las vacaciones

1. Salir todos los días, aunque sea por un momento

No es necesario realizar largos paseos para que los más pequeños se beneficien del contacto con la naturaleza. Visitar una plaza, recorrer un parque, caminar por el barrio o simplemente observar el entorno desde una ventana puede convertirse en una experiencia enriquecedora. Estas actividades favorecen la curiosidad, la capacidad de observación y ayudan a niños y niñas a comprender mejor el mundo que les rodea. Además, pasar tiempo al aire libre contribuye al bienestar físico y emocional.

2. Aprovechar el invierno como laboratorio natural

La lluvia, el viento, las nubes, las hojas caídas o los cambios en la vegetación ofrecen múltiples oportunidades de aprendizaje. Observar cómo cambia el paisaje, escuchar los sonidos de la naturaleza o identificar aves y plantas propias de la estación permite despertar la curiosidad y fomentar el pensamiento científico desde edades tempranas, recordándonos que la naturaleza está en constante transformación. 

3. Crear espacios para el juego libre

Lejos de las actividades estructuradas, el juego espontáneo permite desarrollar la creatividad, la autonomía y la resolución de problemas. No hay que temerle al aburrimiento: muchas veces es precisamente en esos momentos cuando niños y niñas inventan juegos, crean sus propias reglas, imaginan escenarios y encuentran nuevas formas de explorar el mundo que los rodea.

4. Incorporar pequeñas actividades de exploración

Recolectar hojas, observar aves, identificar insectos, crear refugios con ramas o llevar un diario de la naturaleza son actividades simples que estimulan la curiosidad, la observación y el pensamiento crítico.

5. Reducir el tiempo frente a las pantallas

Las vacaciones pueden ser una excelente oportunidad para establecer momentos libres de dispositivos electrónicos y fomentar actividades compartidas en familia, como conversar, leer juntos, moverse y vivir experiencias al aire libre. Más que prohibir la tecnología, el desafío está en equilibrar su uso y abrir espacio para experiencias reales que enriquezcan el desarrollo de niños y niñas.

6. Convertir la curiosidad en una investigación

No siempre se necesitan juguetes o actividades estructuradas para generar experiencias significativas. Una caminata por una plaza, un parque o un sendero puede transformarse en una gran aventura si está guiada por la curiosidad. Encontrar una pluma, seguir unas huellas, observar una piedra particular o preguntarse de quién puede ser un rastro encontrado en el camino son oportunidades para desarrollar el pensamiento científico.

7. Utilizar herramientas reales de forma segura y responsable

Las vacaciones también pueden ser una oportunidad para que niños y niñas participen en actividades cotidianas utilizando herramientas reales y adecuadas a su edad, siempre bajo supervisión adulta. Ayudar a construir algo sencillo, utilizar un martillo, pelar verduras o colaborar en pequeñas tareas prácticas les permite desarrollar la coordinación motora, concentración, planificación y resolución de problemas.