A pocos días del inicio del Mundial de Fútbol 2026, el calor extremo aparece como una preocupación adicional para jugadores y equipos técnicos. Más allá de la preparación física y táctica, las altas temperaturas podrían transformarse en un factor determinante del torneo y afectar tanto el rendimiento deportivo como la salud de los futbolistas.

Un estudio de World Weather Attribution (WWA) advirtió que las altas temperaturas tendrán un impacto significativo durante la Copa del Mundo, que se disputará entre el 11 de junio y el 19 de julio en Estados Unidos, México y Canadá. Según el informe, uno de cada cuatro partidos podría jugarse bajo temperaturas iguales o superiores a 26°C.

La investigación señala además que el calor extremo durante junio y julio se ha triplicado en muchas ciudades de Norteamérica desde los mundiales de México 1986 y Estados Unidos 1994, una tendencia asociada al cambio climático.

Aldo Martínez, kinesiólogo y director del Magíster en Deportes y Actividad Física de la Universidad Autónoma, advierte que el riesgo no depende únicamente de la temperatura ambiente. “También influyen factores como la humedad, la radiación solar y el viento. Temperaturas superiores a 30°C, especialmente con alta humedad, pueden aumentar significativamente el estrés fisiológico”, explica.

Además de representar un desafío para la salud, el calor extremo puede modificar el desarrollo de los encuentros. “Disminuye la capacidad para realizar esfuerzos repetidos de alta intensidad, reduce la distancia recorrida a máxima velocidad y afecta aspectos clave como la concentración y la toma de decisiones”, señala.

Señales de alerta y medidas preventivas

Mareos, dolor de cabeza, náuseas, confusión, desorientación, debilidad extrema, pérdida de coordinación y aumento de la temperatura corporal son algunas de las señales que requieren atención inmediata. “En personas susceptibles incluso puede aumentar el riesgo cardiovascular o producir pérdida de conciencia”, advierte Martínez.

Las altas temperaturas también incrementan el riesgo de lesiones musculares. “La pérdida de líquidos y electrolitos, sumada a las alteraciones neuromusculares asociadas a la fatiga, favorece la aparición de calambres y lesiones”, explica.

Por ello, una adecuada hidratación es clave para mantener el volumen sanguíneo, la regulación térmica y el rendimiento físico y cognitivo. En escenarios de alta sudoración, las bebidas con electrolitos permiten reponer sodio y otros minerales perdidos durante el esfuerzo.

La aclimatación también cumple un rol fundamental. El especialista recomienda entre siete y catorce días de exposición progresiva a ambientes cálidos antes de la competencia, junto con entrenamientos en condiciones similares a las que enfrentarán los jugadores y un monitoreo permanente por parte de los equipos médicos.

Durante los partidos, además, suelen aplicarse estrategias de enfriamiento como toallas frías, chalecos refrigerantes, ventiladores, hielo en cuello y cabeza, además de bebidas frías o hielo triturado.

¿Son suficientes las pausas de hidratación?

Como medida preventiva, la FIFA estableció pausas obligatorias de hidratación de tres minutos a mitad de cada tiempo. Estas interrupciones, programadas alrededor del minuto 22 de cada etapa, dividirán los partidos en cuatro segmentos para facilitar la recuperación y rehidratación de los jugadores.

Si bien el experto valora la iniciativa, considera que los protocolos podrían requerir ajustes. “Ante escenarios de calor extremo resulta razonable evaluar protocolos más flexibles, basados en las condiciones ambientales reales y en la seguridad de los deportistas”, concluye.

Con la mayoría de los estadios del Mundial 2026 al aire libre, el experto coincide en que reforzar las medidas de prevención será clave para que el protagonismo del torneo esté en el juego y no en los riesgos asociados a las altas temperaturas.