Chile se prepara para enfrentar una nueva temporada de incendios forestales en un escenario preocupante. Los pronósticos asociados al fenómeno de El Niño anticipan condiciones que podrían elevar el riesgo de propagación del fuego, especialmente en la zona central, mientras que las estadísticas de las últimas décadas muestran que los grandes incendios están aumentando tanto en frecuencia como en extensión. Frente a este panorama, Greenpeace hace un llamado a las autoridades y al sector privado a extremar las medidas de prevención antes de que lleguen los meses de mayor peligro.
Según un análisis de datos de CONAF realizado por Greenpeace, al comparar las últimas dos décadas, la cantidad de incendios forestales aumentó un 9%, mientras que la superficie afectada creció un 159%. La diferencia es todavía más pronunciada en los incendios de magnitud, aquellos que superan las 200 hectáreas, cuya superficie afectada aumentó un 214%. De hecho, durante la última década, apenas el 0,4% de los incendios concentró el 70% de las hectáreas quemadas.
Francisco de la Barrera, director del Centro de Ciencias Ambientales (EULA) de la Universidad de Concepción e investigador de Cedeus, explica que la temporada de incendios se ha extendido considerablemente durante los últimos 10 a 15 años, obligando a instituciones públicas y empresas privadas a mantener sus capacidades de combate durante más meses. A ello se suman las olas de calor, la sequedad de la vegetación y la acumulación de combustible en el territorio.
El académico advierte que el riesgo también está determinado por la configuración del paisaje. En el sur, las plantaciones forestales, especialmente aquellas sin un manejo adecuado, favorecen la continuidad del combustible, mientras que en la zona central el abandono de terrenos rurales ha contribuido a la acumulación de vegetación. Respecto de El Niño, señala que las olas de calor podrían aumentar el peligro durante el verano, aunque enfatiza que las condiciones climáticas favorables para la propagación no necesariamente se traducen en megaincendios.
De la Barrera asegura que, aunque las personas son el principal factor de inicio del incendio (o de ignición), es la configuración del paisaje la gran responsable de la mayor propagación de incendios: “Hay un cambio importante en la configuración del paisaje y en cómo ese paisaje interactúa con las condiciones climáticas, y eso es lo que hace más favorable la ocurrencia de grandes incendios forestales, muy grandes, debido al incremento en las variables que llevan a la propagación rápida”, expresa.
Prevenir antes de que comiencen las emergencias
Para Greenpeace, estos antecedentes obligan a actuar desde ahora. A su juicio, las empresas forestales y agrícolas deben reforzar el manejo de combustible, mantener sus predios y reducir los riesgos asociados a sus operaciones, mientras que los municipios y gobiernos locales deben priorizar la limpieza de áreas críticas, la identificación de sectores vulnerables, la fiscalización de actividades riesgosas y la preparación de las comunidades.
«Sabemos que la mayoría de los incendios tiene origen humano, pero también sabemos que las condiciones del territorio pueden transformar una ignición en una catástrofe. Por eso, la prevención no puede limitarse a campañas de concientización ni depender exclusivamente de la capacidad de combate. Necesitamos que el Ejecutivo, los gobiernos locales y las industrias asuman sus responsabilidades antes de que el fuego amenace nuevamente a las comunidades», manifiesta Silvana Espinosa, experta en Clima y Ecosistemas de Greenpeace.
De la Barrera coincide en que el manejo de la vegetación resulta especialmente urgente en las zonas donde conviven viviendas y superficies forestales. Según explica, para reducir los riesgos no basta con considerar cortafuegos estrechos, sino que se requiere intervenir áreas más amplias para reducir el combustible disponible, a la vez que es fundamental una planificación territorial que indique qué esperamos en términos de densidad de vegetación y de combustible, especialmente en lugares que tienen uso productivo, como los terrenos forestales.
Esta urgencia preventiva contrasta con la demora en la tramitación de la Ley de Incendios, que, tras superar la Comisión Mixta, espera su votación en Sala en la Cámara de Diputadas y Diputados. Aunque su aprobación representaría un avance importante para establecer obligaciones permanentes de prevención y mitigación, la ley llegará demasiado tarde para enfrentar la temporada 2026-2027.
«Que Chile enfrente otro verano de alto riesgo sin contar con esta ley es un fracaso del Congreso, pero también del Ejecutivo, que desde que asumió en marzo no le otorgó la prioridad ni la urgencia que esta discusión requería, sobre todo sabiendo de los riesgos que este año y la presencia de El Niño implica para los territorios. Las familias no pueden seguir esperando mientras se acumulan las condiciones para una nueva tragedia. Los desastres socioambientales que hemos vivido en los últimos años nos han demostrado las consecuencias de actuar demasiado tarde, pero también nos dejan aprendizajes que hoy tenemos la oportunidad de transformar en medidas concretas de prevención”, puntualiza Espinosa, y agrega: “Vamos tarde, pero eso no puede ser una excusa para la inacción. La ley debe aprobarse cuanto antes y, mientras tanto, tenemos la responsabilidad de utilizar todas las herramientas disponibles para proteger a las comunidades».