Cada año, la industria agroalimentaria genera toneladas de residuos provenientes de procesos productivos como cáscaras, pulpas y restos vegetales de frutas. Lo que históricamente ha sido considerado un desecho, hoy se podría transformar en una oportunidad para desarrollar nuevas tecnologías sustentables.

Un equipo de investigación de la Universidad Católica del Maule (UCM), encabezado por el académico Dr. Cristian Valdés, se encuentra desarrollando un proyecto basado en economía circular que busca crear láminas de bioplástico con propiedades antimicrobianas destinadas a proteger fruta de exportación durante largos períodos de transporte.

La iniciativa busca responder a dos grandes desafíos actuales: disminuir el impacto ambiental asociado al uso de plásticos convencionales derivados del petróleo y, al mismo tiempo, entregar soluciones innovadoras a una industria frutícola que requiere mantener la calidad de sus productos durante viajes internacionales que pueden extenderse por semanas.

El proyecto comienza con la valorización de residuos provenientes de la industria agrícola. Mediante procesos biotecnológicos, estos desechos son utilizados como materia prima para la elaboración del nuevo material.

“Lo que buscamos es transformar residuos agroindustriales en un producto de mayor valor, utilizando principios de economía circular. Aquello que antes representaba un problema ambiental puede convertirse en una materia prima para desarrollar materiales sustentables”, explicó el académico Valdés.

Pero la innovación no termina allí. El desarrollo incorpora además extractos naturales, provenientes de plantas nativas del Maule y de residuos agroindustriales compatibles con procesos de extracción.

Barrera natural contra microorganismos

“La finalidad es que este material pueda utilizarse como recubrimiento para pallets de fruta destinados a exportación, creando una protección adicional durante el transporte”, destacó el investigador UCM.

La acción antimicrobiana busca disminuir el crecimiento de microorganismos asociados al deterioro de los frutos, ayudando a retrasar procesos de pudrición y favoreciendo una mayor estabilidad durante trayectos internacionales que pueden durar 30 días o más, agregó el Dr. Valdés.

Actualmente, el equipo se encuentra realizando pruebas para evaluar la efectividad antimicrobiana del material, la permanencia de los compuestos activos en el tiempo y sus propiedades mecánicas.

Igualar o superar propiedades del plástico tradicional

Uno de los puntos clave del proyecto es lograr que el bioplástico tenga características similares al plástico convencional utilizado actualmente en embalajes. Para ello se realizan evaluaciones mecánicas destinadas a medir resistencia, estabilidad y comportamiento del material, buscando que las futuras láminas puedan adaptarse a las exigencias reales del transporte de fruta.

Ello considerando además que la región del Maule, junto con O’Higgins, concentra una importante actividad agroindustrial del país, generando grandes volúmenes de residuos asociados a la producción frutícola. En este contexto, la investigación busca entregar una alternativa que permita valorizar esos residuos y convertirlos en soluciones tecnológicas para la propia industria.

Por otra parte, responde a una tendencia internacional hacia materiales más sustentables, donde distintos mercados están aumentando las exigencias relacionadas con el uso de envases y embalajes con menor impacto ambiental.

“Estamos buscando adelantarnos a los cambios que vienen en la industria, desarrollando materiales que permitan reemplazar progresivamente los plásticos convencionales por alternativas biodegradables y funcionales”, señalan desde el equipo investigador.

Del laboratorio al campo: el próximo gran desafío

El proyecto se encuentra actualmente en una etapa de validación del biomaterial y pruebas de escalamiento. El objetivo final es realizar un piloto a mayor escala utilizando pallets reales enviados al extranjero, evaluando el comportamiento de las láminas durante un proceso completo de exportación.