La recuperación del consumo problemático de alcohol podría involucrar un mecanismo que ocurre lejos del cerebro. Una investigación liderada por científicos de la Universidad Autónoma de Chile plantea que la fibra dietética, a través de su efecto sobre la microbiota y la barrera intestinal, podría ayudar a reducir las señales inflamatorias que alcanzan el cerebro y contribuir a explicar síntomas como depresión, ansiedad y craving —deseo intenso de consumir una sustancia— que pueden persistir durante la abstinencia.

El hallazgo pone el foco en el denominado eje intestino-cerebro y abre una nueva línea de investigación para comprender qué ocurre en el organismo durante la recuperación del trastorno por consumo de alcohol. El estudio fue publicado en la revista científica Frontiers in Nutrition y fue liderado por la Dra. Diliana Pérez, del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad Autónoma de Chile.

El fenómeno tiene además una dimensión relevante en Chile. Según datos presentados por SENDA en 2025, cerca de 2,5 millones de personas declararon haberse embriagado al menos una vez durante el último mes, mientras que una de cada siete personas que reportó haberse embriagado lo hizo cinco o más veces durante ese período.

La investigación plantea que el consumo crónico de alcohol puede debilitar la barrera intestinal al alterar las uniones que la mantienen íntegra. Como consecuencia, sustancias de origen bacteriano pueden pasar al torrente sanguíneo y activar respuestas inflamatorias sistémicas que alcanzan el sistema nervioso central. Este proceso podría afectar mecanismos vinculados al estado de ánimo, entre ellos los relacionados con serotonina y dopamina, lo que gatillaría síntomas de depresión en los pacientes.

En este contexto, la fibra dietética adquiere especial interés. Al ser fermentada por las bacterias intestinales, genera metabolitos como los ácidos grasos de cadena corta, entre ellos el butirato, que participan en el mantenimiento de la barrera intestinal y en la regulación de respuestas inflamatorias. De acuerdo con la investigación, este mecanismo podría contribuir a disminuir la permeabilidad intestinal y, posteriormente, las señales inflamatorias que llegan al cerebro.

“Una de las hipótesis planteadas es que algunos de los síntomas depresivos que permanecen durante este período podrían estar relacionados con un eje intestino-cerebro que todavía no se ha recuperado completamente”, explica la Dra. Pérez.

La posibilidad resulta especialmente relevante porque la fibra está presente en alimentos de consumo habitual y podría, eventualmente, incorporarse como complemento de los tratamientos existentes. La investigación propone así ampliar la mirada sobre la recuperación de la depresión asociada al consumo abusivo de alcohol, considerando la salud intestinal como un elemento que podría interactuar con los procesos neurológicos y psicológicos asociados al trastorno.

Los investigadores enfatizan, sin embargo, que los resultados no significan que consumir fibra por sí solo permita prevenir una recaída o tratar la depresión asociada al consumo de alcohol. Se trata de una línea de investigación que requiere mayor evidencia clínica.

“Lo que tenemos es una señal experimental muy prometedora y algunos estudios clínicos iniciales que muestran que modificar la microbiota mediante fibra o prebióticos es factible y seguro en personas con trastorno por consumo de alcohol”, señala la investigadora.

El siguiente paso será determinar si intervenir sobre este mecanismo produce beneficios clínicos concretos, qué tipos de fibra podrían resultar más efectivos y en qué pacientes. “El siguiente paso fundamental es pasar de una hipótesis con respaldo experimental a ensayos clínicos que permitan demostrar si realmente funciona”, sostiene la investigadora.

La aproximación, recalca la Dra. Pérez, no busca reemplazar los tratamientos actuales, sino explorar una eventual herramienta complementaria. El objetivo es establecer, mediante estudios clínicos rigurosos, si intervenir sobre este mecanismo biológico puede contribuir a mejorar la recuperación y reducir el riesgo de recaída.