Lo que ocurre a miles de kilómetros en el extremo sur del planeta no es un asunto lejano ni exclusivo de bases científicas o tratados internacionales. Con esa premisa sobre la mesa, referentes de la investigación polar, la conservación y el mundo social se dieron cita en el Auditorio Colunga (ubicado en Av. General Bustamante 26, comuna de Providencia) para reflexionar sobre los desafíos climáticos, ecológicos y geopolíticos de la Antártica.

El encuentro, titulado “Antártica: Nuestro Futuro Común: Un llamado a conocer, colaborar y actuar”, funcionó como un espacio de diálogo multisectorial impulsado de manera conjunta por Fundación Avina, Fundación Antártica21, el Instituto Milenio BASE y la alianza de organizaciones Futuro Común, bajo la convicción de que conocer el continente blanco es el primer paso indispensable para proteger nuestro futuro.

Voces autorizadas frente al cambio climático

La jornada estructuró su análisis a partir de dos grandes referentes nacionales en materia antártica y ecológica. Por un lado, Edgardo Vega Artigues —doctor en Ciencias Biológicas, exsubdirector del INACH y actual director ejecutivo de la Fundación Antártica21— aportó una visión integradora que conectó la fragilidad de los hielos con la geopolítica internacional y la urgencia de educar a la ciudadanía sobre el territorio polar.

En la misma línea intervino el Dr. Elie Poulin, director del Instituto Milenio BASE y académico de la Universidad de Chile, quien acumula más de tres décadas de experiencia descifrando la biodiversidad antártica. Para Poulin, el mensaje central es incuestionable: cualquier política de protección ambiental carece de sustento real si no está anclada en investigación científica rigurosa y de excelencia.

Más allá de la academia: un desafío transversal

Uno de los ejes más debatidos durante el conversatorio fue la necesidad de romper los tradicionales silos entre la academia y la sociedad civil. Los expositores coincidieron en que la conservación del continente blanco no es solo una tarea de especialistas, sino un pilar innegable para la estabilidad climática global que condiciona directamente el futuro de las comunidades.

La instancia cerró con una pregunta abierta hacia los asistentes: ¿cuántas veces al día dimensionamos que la estabilidad de nuestros propios entornos depende del destino del hielo antártico? Desde las organizaciones convocantes, la respuesta apunta a que el primer paso de defensa es, precisamente, empezar a conocerlo y actuar en red.