El comercio de productos del mar generados en Chile tiene una innegable relevancia global, abasteciendo a importantes mercados en Asia, Europa y Norteamérica. De hecho, Chile tiene una posición de liderazgo: es el segundo productor de salmón a nivel mundial -solo superado por Noruega- y el principal exportador global de choritos. Sin embargo, esta situación conlleva desafíos importantes tanto a nivel nacional como mundial.
Para analizar en qué contextos el comercio internacional genera beneficios y cuándo se observan riesgos, el decano y académico de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad de Talca, Carlos Chávez Rebolledo, participó en el capítulo sobre comercio de la Tercera Evaluación Mundial de los Océanos (WOA III) de Naciones Unidas, realizada en Nueva York.
El prestigioso informe global que emanó de este encuentro contó con la colaboración de más de 650 especialistas. En específico, el grupo de trabajo de comercio, en el que participó el académico nacional, estuvo integrado por 11 investigadores quienes realizaron una exhaustiva revisión del estado del conocimiento en el área y concluyeron que cerca de un tercio de toda la producción del mar a nivel mundial se comercializa internacionalmente, favorecida en la última década por mejoras tecnológicas y logísticas. Esto, explicó el investigador de la UTalca, “permite a productores con mercados internos reducidos acceder a mercados más amplios afuera”, además de dar acceso a los consumidores a una mayor variedad de bienes.
Sin embargo, dicha orientación casi exclusiva al mercado externo explica una dinámica recurrente en nuestro país: cuando un producto se exporta masivamente, su precio local sube y su disponibilidad interna disminuye.
“Exportamos prácticamente toda la producción de salmón, y una fracción muy pequeña se queda en mercados locales”, puntualizó Chávez, sobre el motivo por el cual en las mesas nacionales no siempre llega el mejor producto al mejor precio, lo que eventualmente podría impactar el balance nutricional de las comunidades locales.
Por ello la conclusión del grupo de investigadores es que este esquema de comercio internacional presenta dos caras de la misma moneda, por un lado, se evidencia que la expansión de la industria acuícola en Chile ha contribuido fuertemente a reducir la pobreza y la desigualdad en localidades remotas del sur como Los Lagos, Aysén y Magallanes.
Mientras que, por otro lado, existen una serie de problemáticas, relacionadas con la concentración territorial. “El exceso de producción en ciertas zonas, cuando no se tienen regulaciones apropiadas, puede generar impactos negativos como contaminación, exceso de uso y deterioro de los recursos naturales de manera intensiva”, planteó Chávez. Y alertó que, esta producción tiende a desplazarse hacia países con regulaciones más débiles o menor capacidad de fiscalización.
Sostenibilidad
Para asegurar la proyección de la industria, los expertos de la ONU coincidieron en la urgencia de modernizar las normativas mediante herramientas de gobernanza, como los sistemas de certificación de sostenibilidad y el monitoreo de importaciones. “Una de las principales preocupaciones es que los países que producen y exportan estos recursos cumplan con estándares sociales y ambientales”, enfatizó Chávez.
El trabajo del académico también es parte de sus actividades como científico en la línea de investigación socioeconómica del Centro de Investigación Aplicada INCAR², una entidad interdisciplinaria que reúne a cerca de 60 expertos de la UTalca, la Universidad Andrés Bello, la Universidad Austral de Chile y la Universidad de Concepción.